Las Cortes me dan horror
Columna de Juan G. Ayala, profesor del Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad Técnica Federico Santa María
Columna de Juan G. Ayala, profesor del Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad Técnica Federico Santa María
En “Recuerdos de un Diplomático” su autor Enrique Bernstein cuenta que al visitar al embajador de Chile en la Unión Soviética Máximo Pacheco Gómez, este interrumpe la conversación y le señala que lo acompañe al baño, abre las llaves de la ducha y se sientan en el piso a conversar en voz baja. Ante esta actitud no exenta de teatralidad cinematográfica, la imagen de Pacheco crece, se instala la mirada de un estratega de la política que trabajaba en tiempos difíciles, donde la mentira es parte sustantiva de la política internacional.
Pero la intriga más dura es la política interna, incluyendo palacio. Lo constató el pintor flamenco Rubens, quien escribiera en 1636: “Las Cortes me dan horror”. Bien lo sabía quien fue pintor de varias casas reales en el barroco. Hoy nada ha cambiado, las
estratagemas y delirios de poder se acrecientan, todavía en las cortes pequeñas el puñal aparece desde el cortinaje, hiere y mata, y luego se esconde tan rápido como apareció.
Máximo Pacheco fue un ejemplo de conducción política, su aura de hombre probo se construye desde la consistencia de su lucha, y desde la cultura que detentaba. Recuerdo cuando investigando en la Biblioteca Nacional respecto de la historia de la institución universitaria, me encontrara con un lúcido ensayo de Pacheco titulado “La Universidad de Chile”, escrito en 1953. En ese texto se señala con claridad cuáles son los valores de la vida universitaria, cada vez más abandonados por las exigencias del ministerio de hacienda, el que obtusamente genera metas, premios y logros económicos, convirtiendo a los investigadores en una suerte de ejecutivos de banco captadores de recursos.
Chile se ha convertido en un país salvaje, donde nos estamos destruyendo mutuamente, donde las cortes palaciegas son ejemplo de cómo se aniquilan
las instituciones, a razón de alcanzar el poder a cualquier precio. Chile no merece este destino, las instituciones no pueden ser cooptadas como si de una multitienda se tratara, debe entenderse que no todo se compra y se vende, finalmente porque el destino común es morir; donde quizás sirva de consuelo, así como el faraón se enterraba con su séquito y sus joyas, ahora puedo optar por una urna de caoba con buena vista a la laguna del cementerio parque.
Máximo Pacheco entendió esto durante toda su vida, fue un académico luchador por los derechos humanos, juez y vicepresidente de la Comisión Interamericana, vivió en palacio, supo del puñal homicida pero pudo mantenerse fiel al ideario humanista, la Universidad chilena necesita académicos como él. La verdadera vida universitaria es compleja, pero la ambición y perversa motivación del aparato del Estado la tornan más difícil. Si Máximo Pacheco volviera a nacer, de seguro su defensa por los derechos humanos incluiría el resguardo irrestricto del concepto
de Universidad. Los que somos sus habitantes permanentes debemos luchar por hacerla menos salvaje, más competente en lo propio, y pertinente a su esencia de escuela de ciudadanía. ¡Profesores! que en nuestra agonía no exclamemos: “las cortes me dan horror”.
Fuente: UTFSM / Comunicaciones - 15/05/2012
GuiaPlaza.com no se hace responsable de la informaci�n que contiene esta nota y no asume responsabilidad alguna frente a terceros sobre su �ntegro contenido, quedando igualmente exonerada de la responsabilidad de la entidad autora del mismo. El autor puede solicitar su eliminaci�n a trav�s del formulario de contacto.