Cómo disminuir los riesgos en las piscinas y pasar un verano sin incon
Refrescante, agradable y saludable. Cada día bañarse en una piscina se hace más accesible a las personas. Desde hace un tiempo y tras el boom inmobiliario, el tener un lugar para capear el calor en casas, condominios y edificios ya no es exclusividad de unos pocos. Cada verano son más las familias que disfrutan habitualmente de las bondades de las pileta, ya sean fijas o empaquetadas.
Por tal motivo, el verano se transforma en una época propicia para los accidentes por inmersión, cuyas consecuencias pueden ir desde severos daños neurológicos hasta la muerte y, claramente, no es necesario nadar en el
mar para sufrir este tipo de riesgos. Al respecto, el profesor de la Sede Viña del Mar de la Universidad Técnica Federico Santa María, Rodrigo Domínguez, entrega un dato decidor: “Se estima que en Chile anualmente mueren 2 mil niños producto de accidentes en el hogar y se trata de situaciones altamente prevenibles, por lo que se aconseja una mayor conciencia acerca de los riesgos que existen en el uso de una piscina y que hacer frente a un incidente”.
Este punto sin duda, se refuerza al constatar que desde 2003 existe una ley que regula y exige la presencia de salvavidas en las piscinas, pero ahora se habla de un adulto responsable, especialmente en edificios y condominios. La norma tampoco exige rejas, alarmas o cualquier otro medio de seguridad en recintos privados, por lo cual todo parece indicar que la solución parece ser la autoprotección.
De hecho, la mayoría de los métodos de seguridad disponibles en el mercado están destinados a evitarles accidentes a los más pequeños del hogar. Carpas
elásticas o rejas que rodeen la piscina son algunas de las opciones para tomar en cuenta. Pero muchas veces, tenerlas no es suficiente, así al menos lo indica el experto en Prevención de Riesgos, Rodrigo Domínguez.
“La asfixia por inmersión o ahogamiento es una situación dramática, por ello es clave considerar dos aspectos: las condiciones y las acciones que en definitiva constituyen la fuente del daño. Desde la perspectiva de las condiciones, siempre es conveniente proteger las piscinas y utilizar un cerco de más de un metro de altura con cerradura. Por el lado de las acciones, es recomendable que los padres nunca dejen solo a un niño cerca de una piscina y conozcan las maniobras básicas de reanimación. Es suficiente 5 cm de profundidad de agua para que un menor pueda ahogarse, porque no puede levantarse. De los casos de ahogo que afectan a los niños, 50% sucede en la propia piscina y el 70% está bajo la supervisión de algún familiar”, sentencia.
Asimismo, el profesional plantea que estas son
medidas de seguridad aplicables en su mayoría dentro de casas particulares, pero ¿qué pasa con los espacios públicos? En este punto, Domínguez es muy claro y señala que según el reglamento de seguridad en piscinas de uso público, éstas deben contar con un salvavidas, señaléticas adecuadas, vías de evacuación y antideslizantes en los pasillos y accesos.
Pero sin duda una de las reflexiones más importantes que entrega el profesional de la Carrera de Prevención de Riesgos de la USM Sede Viña del Mar, dice relación con la importancia de aprender técnicas básicas de primeros auxilios y de salvamento acuático.
“El saber reforzamiento de reanimación cardiopulmonar (RCP) debería incorporarse en la formación cívica de cada ciudadano de tal manera que disminuya la morbilidad asociada a los distintos accidentes”, finaliza.
Fuente: UTFSM / Comunicaciones - 29/12/2010