Adolfo Zaldívar
Columna de Juan G. Ayala, profesor del Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad Técnica Federico Santa María
Columna de Juan G. Ayala, profesor del Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad Técnica Federico Santa María
En el sosiego de la historia política de Chile se podrá escribir con cierta objetividad. El aporte que el embajador Adolfo Zaldívar hizo, por ahora cabe conjeturar desde la vivencia compartida, desde la lectura de sus textos, desde su propia palabra. Su expulsión de la Democracia Cristiana marcó sus exequias, todo lo que se ritualizó en los días de duelo fue visto a la luz de aquello. Años atrás en la intimidad de su hogar pudimos comprobar la coherencia de su discurso. Alejado de la televisión y los periódicos se refería con firmeza respecto de lo que creía urgente corregir en la clase política, lo que añoraba para nuestro país, de la renovación que pregonaba manifiesta.
Como lo señaló Ignacio Walker, Adolfo fue un servidor público, asumió la legación de Chile en Buenos Aires reemplazando a Miguel Otero, no dudando que esa actitud le significaría el reproche más acervo de muchos, tanto de derechas como de izquierdas. Me dijo “yo no soy de este gobierno, lo hago por Chile”, y lo demostró estudiando temas bilaterales, impulsando temas energéticos, publicando. Fue un insigne embajador con la nación que tenemos más frontera compartida, y a la que nos unen vínculos históricos muy profundos.
Buscaba el acuerdo razonable pero en justicia, valor que se unía a otros tantos de su familia más cercana. Su esposa, la escultora Alicia Larraín representa el puntal que armonizaba en la fraternidad familiar, la acompañamos en la Clínica, y a pesar de la angustia preguntaba por todos los conocidos, y se disculpaba por lo que no podía hacer. Una gran mujer para un gran hombre, juntos criaron una bellísima familia, había comprensión y contención mutua. Adolfo Zaldívar fue un hombre de acción, coherente con sus ideales fundó el partido regionalista de los independientes, el PRI fue su casa, el lugar donde pudo seguir entregando formalizadamente su ideario político.
Recuerdo que siempre en cada inauguración de Alicia, ocupaba un lugar muy secundario, casi tras bambalinas miraba disfrutando el momento que era de quien más amaba, “esto es de Alicia”, decía. Espacios y lugares para cada uno, en su hogar todo tenía un lugar, su escritorio acogía la vida política de Chile, junto a la puerta fotos de su etapa deportiva, y encabezando el escritorio, la efigie de presidente del Senado; cruzando el umbral, el taller de la artista. Entre la trementina y los oficios del parlamento se llevaba la vida familiar, se acogían mutuamente el arte y la política. Buscar acuerdos pero sin olvidar los principios, es la única manera de hacer política coherentemente, hay órdenes superiores como en el arte, los que si se trastocan rompen la composición, ya no es obra de arte, solo es maquillaje, y Adolfo Zaldívar no se quedaba en lo cosmético.
Fuente: UTFSM / Comunicaciones - 25/03/2013
GuiaPlaza.com no se hace responsable de la informaci�n que contiene esta nota y no asume responsabilidad alguna frente a terceros sobre su �ntegro contenido, quedando igualmente exonerada de la responsabilidad de la entidad autora del mismo. El autor puede solicitar su eliminaci�n a trav�s del formulario de contacto.